El desierto, una historia que nos excede y atraviesa: Amor microbiano

ilustración de una mano sosteniendo un libro

El desierto, una historia que nos excede y atraviesa: Amor microbiano

Una mujer camina por el salar de Atacama entre interminables silencios y otra mujer suelta un llanto frente a una parina solitaria. A cada paso, a cada contacto del pie contra el suelo, los relatos de este libro se tuercen para aproximarnos a otra escala: una donde las siluetas se vuelven el desierto y nos sitúa allí donde tambalea lo que en algún momento fue un límite seco para los cuerpos. Con la insistencia de quien busca percibir un hilo invisible e insospechado entre personajes, pampas y salares, Cristina Dorador se queda con las bacterias, los tapetes microbianos y las memorias de una vida ensamblada a escalas donde el ojo humano pierde su dominio.

Bióloga, con años de experiencia en la ecología microbiana del altiplano chileno, la autora hace un trabajo de divulgación y narrativa que nos abre a perspectivas diferentes, entre ellas, la de cada ser extendiéndose más allá de los contornos dados. Desde allí, Dorador insiste, Chile es conforme a la vida del desierto de Atacama; vida que arropa muchos muertos y gestos extractivos, incluídos los “angelitos” de la pampa, los que también hacen parte del legado biológico embebido en estos suelos.

En 2003, nos cuenta Dorador, en un poblado extinto de Tarapacá, un huaquero encuentra un cuerpo neonato envuelto en un paño blanco amarrado con una cinta de color púrpura. De mano en mano es comercializado y espectacularizado “el angelito” que, debido a su aspecto, es tildado de extraterrestre y llevado hasta España para ser exhibido, pues desconocen que siempre fue vida y muerte de la pampa, vida y muerte ahora corrompida. Para estos relatos, Dorador nos dice: “el cuerpo puede desaparecer, pero siempre quedará la huella como señal certera de que no fue una ensoñación su existencia”. Rastreando lazos de biología, historia y ritualidad andina, cada pisada, cada contacto hace parte de la historia de un territorio con protagonistas que atestiguan un andar que nos excede.

“El desierto tiene muchos muertos. Los cuerpos se momifican, mantienen sus formas en suspensión eterna por estar en el límite seco de la Tierra. Ahí donde el aire no tiene agua, donde se agotan los suspiros y donde las lágrimas ni siquiera alcanzan a brotar”.



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